lunes, 26 de enero de 2026

LOS LABERINTOS LITERARIOS DE CALCUTA

Por Eduardo García Aguilar

 Ahora que la Feria Inter­na­cio­nal del Libro de Bogotá (FILBO) se pre­para a reci­bir en abril como país invi­tado a la India, evoco la feliz expe­rien­cia de ser invi­tado a la Feria del Libro de Cal­cuta, donde se fra­guó el pro­yecto de tra­duc­ción al ben­galí de mi novela “El viaje triun­fal” en la ver­sión del his­pa­nista Supriya Basak y la publi­ca­ción del libro en una edi­to­rial de esa mítica ciu­dad.

Para cual­quier per­sona, via­jar a la India es una expe­rien­cia inol­vi­da­ble, algo que lo deja a uno mar­cado para siem­pre. Ya cuando el avión se acerca a la capi­tal, Nueva Delhi, y uno apre­cia la salida del sol, siente que es un astro dife­rente el que se eleva y por fin se llega a ese Extremo Oriente de leyen­das y mitos.

Alguna vez siendo un niño de 12 años com­pré en Bogotá por pri­mera vez en mi vida unos libros con dinero dado por mi padre. Fue en la libre­ría moderna, situada en la carrera décima, que dis­tri­buía libros pro­ve­nien­tes de Argen­tina, espe­cial­mente de la edi­to­rial Kape­lusz, una de las más prós­pe­ras e inno­va­do­ras del país.

Adquirí una edi­ción empas­tada e ilus­trada del libro De la Tie­rra a la Luna, de Julio Verne, que aun con­servo y un pequeño volu­men de mitos y leyen­das de la India, basado en per­so­na­jes del Rama­yana y el Maha­brá­rata, epo­pe­yas y libros sagra­dos de aquel gran país. Desde enton­ces me intri­ga­ban esas dei­da­des como Ganesha, mitad hom­bre y mitad ele­fante, o las dio­sas indias de varias manos dan­zan­tes que luego encon­tra­ría de ver­dad al reco­rrer varias ciu­da­des indias a lo largo del gran río Gan­ges, como Agra y Bena­rés.

Pero nada como la impo­nente Cal­cuta, que tiene una fuerte comu­ni­dad edi­to­rial y librera que orga­niza cada año una gran feria muy con­cu­rrida con invi­ta­dos inter­na­cio­na­les y nacio­na­les, con­fe­ren­cias y pre­sen­ta­cio­nes y posee un enorme barrio de libre­rías de viejo y oca­sión, a donde acu­den estu­dian­tes, inte­lec­tua­les, pro­fe­so­res y curio­sos de esa gran región rebelde del país de donde era ori­gi­na­rio Rabin­dra­nath Tagore.

Cal­cuta es una urbe gigan­tesca donde se ven la rui­nas del Cal­cuta es una urbe gigan­tesca donde se ven la rui­nas del anti­guo esplen­dor, cuando el país era colo­nia bri­tá­nica, lo que le da aires cine­ma­to­grá­fi­cos a muchos rin­co­nes de la misma. anti­guo esplen­dor, cuando el país era colo­nia bri­tá­nica, lo que le da aires cine­ma­to­grá­fi­cos a muchos rin­co­nes de la misma. Los ben­ga­líes son un pue­blo muy espe­cial, muy pare­cido al lati­noa­me­ri­cano, por lo que uno siente una atmós­fera fami­liar. Son per­so­nas de tie­rra caliente soli­da­rias, gene­ro­sas, y reci­ben con entu­siasmo a los visi­tan­tes, sobre todo si vie­nen de Amé­rica Latina.

Durante mi esta­día tuve la amis­tad y guía por los labe­rin­tos lite­ra­rios de Cal­cuta de Dib­yaj­yoti Muk­ho­pad­h­yay, direc­tor de la Indo His­pa­nic Lan­guage Aca­demy, uno de los más entu­sias­tas his­pa­nis­tas, amante de España y Amé­rica Latina, via­jero por todos esos paí­ses y puente entre su cul­tura y la del Extremo Occi­dente lati­noa­me­ri­cano.

Con Dib­yaj­yoti reco­rrí las uni­ver­si­da­des para hablar con los aca­dé­mi­cos y visité a los prin­ci­pa­les escri­to­res de Cal­cuta en ese momento, que cono­cían muy bien a Miguel Ángel Astu­rias, a Jorge Zala­mea y al boom lati­noa­me­ri­cano.

Los ben­ga­líes están muy orgu­llo­sos de per­te­ne­cer al Ter­cer Mundo y ser soli­da­rios con todos los paí­ses del lla­mado sur glo­bal que luchan con­tra los impe­ria­lis­mos y los colo­nia­lis­mos de las gran­des poten­cias.
Su lite­ra­tura mile­na­ria está viva y vibra en las calles y en el Delta del Gan­ges que baña su región bajo el canto ince­sante de los pája­ros.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 25 de enero de 2026.

lunes, 19 de enero de 2026

DELIRIO DE LA COLONIA ROMA

Por Eduardo Garcia Aguilar


Me sentía feliz de nuevo en la Colonia Roma, pero también amaba toda la ciudad de México con sus Vips, Sanborns y Denny’s luminosos donde leía a Styron o a Lawrence Durrel en noches interminables de café insípido. 

Me encantaba, me atraía, me seducía, la ciudad caótica, a la vez urbe luminosa y campo ranchero, aceitosa línea de avenidas o matriz de barriadas, recodo de vecindades anacrónicas en su vistosa pobreza, atadas al cine de oro de Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís, María Félix y Dolores del Río.

Deseaba sus cines desperdigados donde veía novedades pornográficas: el Savoy, el Arcadia, el palacio Chino, el Venus, el Teresa, el Maya, el Río. 

En la colonia Roma tomaba café en La Bella Italia, compraba dulces en la confitería Celaya, recorría la avenida Alvaro Obregón con su camellón y las esculturas de dioses griegos y santos cristianos, de las cuales prefería la de San Sebastián y pasaba horas enteras junto a viejas casonas de sueño o  rinconadas que parecían callejones de ciudades inventadas. Me escapaba a la Condesa para recorrer la avenida Amsterdam o sentarme a tomar cerveza en el Belmonte o La Bodega.

 Recorría la Plaza México con sus cisnes bajo el sol en el pequeño lago y la calle Sonora y palpaba con mis ojos los enormes avisos publicitarios de Insurgentes empotrados sobre edificios y viejas casonas decrépitas, y de los cuales prefería el circular, amarillo azul y rojo de la Cerveza Corona, intacto en su extraña belleza desde hace décadas.

El contraste entre la Roma y el desfile de avisos luminosos de la cercana Insurgentes excitaba la vista, lo mismo que aceleraba la carne el aire poluido, el olor a gas oil, la tolvanera infecta atascada en la garganta. 

En la Roma se tenía la sensación de estar lejos del caos citadino y de las deliciosas agresiones visuales y acústicas reinantes desde hacía tiempo a todo lo largo y ancho de la ciudad.

Un aire de pasado nos invadía a los habitantes de ese lugar, que era mundo dentro del mundo, agua quemada, desfile del amor, salamandra de fuego, batalla en el desierto, vampiro, ciudad lunar cerca del abismo y nos daba musgo a la piel, ruina a la armadura, tos a la noche, chupaba muertos de otro tiempo, succionaba nostalgias de lo no vivido. Pero todo eso que evocaba de repente tan lejos de la tierra no era más que un delirio inútil en medio de la urbe. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 18  de enero de 2026.  




 

lunes, 5 de enero de 2026

ADIÓS A BRIGITTE BARDOT



Por Eduardo García Aguilar
Se nos ha ido esta semana Brigitte Bardot (1934-2025), defensora de los derechos animales, mujer rebelde e inteligente que fue el símbolo sexual moderno del siglo XX, ante quien palidecen todas las divas contemporáneas del cine y el modelaje. Uno puede admirar a Kate Mosss y Claudia Shiffer, sentirse maravillado por Ornella Mutti, Sharon Stone, Sophie Marceau, Emmanuelle Béart o la brasileña Sonia Braga o celebrar el surgimiento de las nuevas Scarlett Johanson, Isild le Besco, Julia Roberts, Nicole Kidman o Ludivine Seigner, pero nada destrona a esta mujer que creó los más grandes tumultos en los años 60 y 70 del siglo pasado.
Más de medio siglo después de su consagración en el filme “Y dios creó a la mujer”, la Bardot es una leyenda tal vez sólo comparable a Marylin Monroe, la italiana Sofía Loren o las grandes leyendas Greta Garbo, Marlene Dietrich o Ava Gardner.
¿Qué tenía esa mujer? Un cuerpo y una gestualidad únicas para romper con las tradiciones en boga en los años 50, cuando emergió en las pantallas del mundo. Poseía un rostro inolvidable, una sonrisa tierna y pulposa como ninguna otra y una gracia de gestualidades que la hacía brillar. Todos los hombres y las lesbianas del mundo soñaron con ella, pues era sexo y deseo puros, ángel total independiente y rebelde de cuyos labios y ojos emanaba la fertilidad hormonal nunca soñada por el Marqués de Sade, Georges Bataille, Alain Robe-Grillet y Charles Bukowski juntos. Tenía los labios más carnosos de la historia, ventosas del mal y el bien y su rostro realzado por el rímel, el maquillaje y el lápiz labial era tentación y ejemplo de su tiempo. Ninguna, ni Marylin Monroe, a quien admiraba, o Catherine Deneuve, que pretendió emularla infructuosamente, lograron superarla en la leyenda del ser oscuro objeto del deseo mundial de mujeres y hombres.
Nació en 1934 en el seno de una familia burguesa tradicional parisina y desde muy niña dio muestras de una belleza excepcional, como lo muestra la foto en que aparece vestida de organdí blanco en su primera comunión en 1945 y sus iniciales fotos de bailarina, donde se destacaban sus inmejorables y deseables piernas. Su primer esposo y descubridor fue Roger Vadim, una de esas típicas leyendas del donjuanismo francés, que más tarde corroboró sus méritos al llevar al altar, entre sólo algunas de sus conquistas, a Catherine Deneuve y Jane Fonda.
En 1956, Bardot, al interpretar la danza de mambo en “Y dios creó a la mujer” dio el paso hacia la fama mundial bajo la mirada de Jean-Luis Trintignant, quien la robaría a Vadim, e iniciaría la vasta lista de sus múltiples amantes, entre quienes figuraron el apuesto cantante Sacha Distel, Jacques Charrier, Sami Frey, el playboy alemán Gunter Sachs, el cantante Serge Gainsbourg y otros con nombres triviales como Patrick y Christian y decenas y decenas de hombres que la convirtieron en una de las más deliciosas libertinas de su época. 
Brigitte Bardot tuvo un mérito: ama a los animales por sobre todas cosas y es una luchadora denodada por sus derechos. Perros, bebés focas, caballos, martas, gatos, conejos, gatos, manatíes, ballenas, caballos, monos, gorilas, chimpancés, leones, tigres, panteras, jaguares, aves, reptiles, quelonios: todos ellos tuvieron en ella a una defensora irreductible frente a la depredación de la humanidad. 
Como depredadora sexual que fue amó y devoró gozosa y sin límites y como pocas a su vecino animal el hombre, que a su vez la gozó, la poseyó y la deseó en todas las pantallas del orbe. Brigitte Bardot fue la diosa del siglo XX, y su cabellera y su cuerpo perfumados pasarán a la historia como en su tiempo las más bellas esculturas griegas o las Venus de Boticelli u otros maestros italianos. Por eso triunfó con un filme llamado “Y dios creó a la mujer”. Cada día en el mito los dioses la crean y Francia con ella alcanza las alturas sublimes de Juana de Arco, incendiada en la hoguera de la intolerancia.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 4 de enero de 2026.
* Versión actualizada y condensada de un texto anterior.
 

domingo, 28 de diciembre de 2025

EL RETORNO DE NERÓN Y CALÍGULA

Por Eduardo García Aguilar


Ahora que termina un año lleno de tensiones geopolíticas impensables desde hacía tiempos y cuando se celebran los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, no deja de ser curioso ver las similitudes de lo ocurrido antes de que se iniciara la deflagración en 1939. La llegada de Adolfo Hitler en 1933 a la cancillería alemana, tras una década de ascenso iniciada en los años 20 desde la ciudad bávara de Múnich, tiene semejanzas con la irrupción y triunfo del autoritarismo de extrema derecha del magnate Donald Trump y su movimiento MAGA, supremacista, racista, agresivo, violador permanente del derecho internacional.

Ya al perder las elecciones hace un lustro frente al demócrata Joe Biden, Trump mostró los mismos métodos utilizados por el Fürher en Alemania, al propiciar la toma violenta del capitolio en Washington, poniendo en peligro la vida de los congresistas y de la presidenta del congreso Nancy Pelosi, hostigados por temibles hordas de fanáticos que destruían todo a su paso.

Las escenas terribles de la persecución y deportación de miles de inmigrantes legales e ilegales latinoamericanos y de otras regiones, encadenados de manos y pies, inclusive niños, madres y ancianos, y la amenaza incluso para quienes tienen la nacionalidad estadounidense y nacieron allí de padres extranjeros, genera paralelismos con la persecución implacable realizada por los nazis de judíos, gitanos, extranjeros y militantes opositores de aquella época en Alemania, con saldo de millones de muertos en campos de concentración.

Las agresiones del tiránico supremacista blanco neoyorquino, involucrado según la prensa estadounidense en el caso del depredador sexual y pedófilo Jeffrey Epstein, no solo se dan contra latinoamericanos, sino que se extienden inclusive a altos funcionarios y figuras europeas, como el prestigioso ex comisario Thierry Breton, a quien se le quitó la visa estadounidense, o la relatora de la ONU y jurista italiana Francesca Albanese, incluida de manera arbitraria en la lista Clinton por su denuncia del genocidio en Gaza. 

El violento Trump ya ha ejecutado de manera extrajudicial a un centenar de supuestos narcotraficantes por medio del cobarde bombardeo de pequeñas embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico, cuando todo el mundo sabe que los verdaderos capos del tráfico mundial son delincuentes de cuello blanco que viven y actúan en las capitales estadounidenses, paraísos fiscales y ricos países del Golfo pérsico, donde lavan en total impunidad las sumas colosales de dinero generado por ese negocio.

Fascinado por el autoritarismo, Trump corteja al presidente ruso Vladimir Putin y al dictador norcoreano Kim Jong-un
e interviene descaradamente en las elecciones europeas, apoyando a los líderes de la ultraderecha neonazi que avanza inexorablemente hacia el poder como en el siglo pasado, en la época de las funestas noches de los cuchillos largos y de los cristales rotos, propiciadas por los matones hitlerianos dirigidos por el autor de Mi Lucha. Esto trae a la memoria que al inicio de su ofensiva imparable, Hitler firmó ante el asombro mundial el pacto Germano-Soviético con Stalin, lo que dio vía libre a las primeras invasiones del ejército alemán.

Basta revisar la historia de la Segunda Guerra Mundial para vivir el día a día de las extrañas alianzas efímeras de las potencias, como el famoso pacto Germano-Soviético, o la implementación del Eje germano-italo-japonés, para entender como se aceleran los acontecimientos ante la inercia de los contemporáneos, inmersos como nosotros en un torbellino loco que no alcanzamos a entender y cuyas consecuencias no vislumbramos.

Entonces fueron las invasiones de Austria, Checoeslovaquia, Polonia y Francia y ahora las pretensiones de Trump de tomarse Canadá, Groenlandia, avasallar a Europa y rehabilitar la Doctrina Monroe, bajo el lema de América Latina para los estadounidenses, como si fuera el patio trasero. Esperemos que el huracán de acontecimientos recientes, como el genocidio en Gaza, la guerra en Ucrania y el despliegue militar en el Caribe, no augure para los próximos años el desencadenamiento cíclico de nuevos conflictos bélicos incontrolables, en lo que es experta la humanidad desde antes de los tiempos de Nerón y Calígula.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 28 de diciembre de 2025
* Imagen de Nerón.
  


 

martes, 23 de diciembre de 2025

BOLIVARISMO Y MONROÍSMO DE INDALECIO LIEVANO AGUIRRE


 Por Eduardo García Aguilar

Los colombianos somos afortunados de tener en el pasado grandes pensadores, historiadores y analistas de la vida política y social nacional y del continente.
 Pienso en las generaciones de liberales de la primera mitad del siglo, entre los que se destacaban el gran escritor Germán Arciniegas, cuyos libros nos abrieron las ventanas a la historia continental y mundial o Indalecio Liévano Aguirre (1917-1982), ex canciller de alto nivel, que escribió "Los grandes conflictos sociales de nuestra historia", "Bolivarismo y Monroísmo" y brillantes biografías de nuestros próceres, entre ellas la de Rafael Nuñez, que en 1944 lo llevó  a la fama.

El bogotano Liévano, cuyo padre fue el arquitecto del Palacio Liévano, trabajó  como secretario de Alfonso López Pumarejo y fue gran amigo desde joven de Alfonso López Michelsen, quien lo nombró canciller. El tutor de sus tesis de grado en la Universidad Javeriana fue el destacado político e intelectual Carlos Lleras Restrepo y desde ese momento inició una larga carrera de periodista y escritor; dotado de una prosa encantadora.

Liévano Aguirre fue miembro del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), encabezado por López Michelsen, quien le cedió  la presidencia varias veces cuando se ausentó del país, razón por la cual, a su muerte, fue homenajeado como ex presidente de Colombia. Pero más allá de su talento como funcionario o ministro, como estadista, como lector y pensador, Liévano Aguirre es uno de los grandes historiadores del país, que las nuevas generaciones deberían leer y releer.

Como mi padre Alvaro García era miembro del MRL en su línea dura y pertenecía a esa generación de liberales que como Otto Morales Benítez despuntaron a la vida social y política en la primera mitad del siglo XX bajo los varios gobiernos liberales que se sucedieron desde Enrique Olaya Herrera hasta López Pumarejo, Eduardo Santos y el joven Alberto Lleras Camargo, tuve la fortuna de acceder adolescente a las obras de Germán Arciniegas e Indalecio Liévano Aguirre, entre otros, que estaban en su biblioteca.

Debido a que tuve una fractura supracondílea grave en un brazo durante mi infancia inquieta, los años de la adolescencia los dediqué a devorar la biblioteca de mi padre en vez de jugar al futbol, y allí me fomé leyendo a los clásicos, a la gran literatura española del siglo de oro y de la Guerra Civil y por supuesto a los grandes autores colombianos liberales como Arciniegas y Liévano e incluso el malogrado joven liberal caldense Bernardo Arias Trujillo, cuyos libros tenía mi padre en un lugar muy especial.

Así pude leer con pasión "Los grandes conflictos sociales de nuestra historia", un libro fascinante de Liévano Aguirre que recomiendo a quienes no lo conocen. Era un prosista nato, un humanista ejemplar que entendía los problemas geopolíticos como pocos. Si hoy estuviera vivo, en estos momentos de "efervescencia y dolor" como diría el poeta, él nos ayudaría a solucionarlos. 

Donald Trump, un payaso loco e ignorante, imputado en varios frentes como el del pedocriminal Jefrey Empstein, gobierna a Estados Unidos y amenaza como Nerón desde la Casa Blanca con su fuerza militar a América Latina, especialmente al Caribe, donde se propone o intenta, violando las leyes internacionales, propiciar una nueva guerra que ya ha causado casi un centenar de ejecuciones extrajudiciales en el mar ante el silencio de las democracias europeas y del mundo.

En su libro "Bolivarismo y Monroísmo", Liévano Aguirre analiza las ideas visionarias de Bolívar y las intenciones profundas de la Doctrina Monroe, que renace ahora desde el pasado para amenazarnos y tratar de encadenarnos con bombas y muerte. Tengo en mis manos el pequeño volumen de este brillante texto de un liberal colombiano publicado en 1969 por Populibro y lo releo con entusiasmo, para que los latinoamericanos despertemos ante la absurda amenaza que nos cierne.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 21  de diciembre de 2025.

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

VEINTE AÑOS SIN MORENO-DURÁN

Por Eduardo García Aguilar


Uno de los escritores colombianos que en su momento tuvo, a finales del siglo pasado, una gran presencia en el panorama literario colombiano fue Rafael Humberto Moreno-Durán (7 de noviembre de 1945-21 de noviembre de 2005), quien luego de su prematuro fallecimiento vive en un injusto silencio, dados como son los medios literarios colombianos y las editoriales a sepultar y olvidar para siempre a quienes la parca les ha jugado una mala pasada llevándoselos antes de tiempo y no pueden promover sus obras en vanas presentaciones y aceleradas actividades de prensa y marketing.
Moreno-Durán, quien estudió derecho en la Universidad Nacional de Colombia, estaba caracterizado por una gran cultura e inteligencia y a la vez un gran sentido del humor. Los escritores de su generación, que podríamos llamar "De la revista Eco", eran fieles a la idea del autor total, inspirado en grandes figuras como Marcel Proust, Virginia Woolf, Thomas Mann, Herman Broch, Elias Canetti y otros monstruos europeos de obras portentosas y gigantes. 
Para ellos ser escritor era y es devorarse el mundo y la historia con mayúsculas, ejercer un sacerdocio milenario, agitar las palabras y las ideas hasta la extenuación. En los anos 60 y 70 estos jóvenes escritores, entre los que figuraba Moreno-Durán, ejercieron la literatura al extremo, gracias a un espíritu de polígrafos que se lucían y gozaban escribiendo largos ensayos y novelas enormes y supercuidadas donde los protagonistas eran las ideas y el lenguaje. 
También se consideraban intelectuales en el buen sentido de la palabra intelectual, o sea hombres de ideas y de cultura, ligados a los clásicos y a los autores de todas las épocas de la cultura universal. Su tragedia consistió en que el mundo y la vida literaria cambiaron de repente y esas obras magnas, cuidadas, responsables, fueron reemplazadas poco a poco por una literatura frívola y de escándalo, apta para amplios públicosY fue una gran perdida su partida hace veinte años porque en lo que va del siglo XXI nos hemos venido acostumbrando en Colombia a ese lenguaje fácil de los libros autobiográficos escritos por estrellas de la farándula, actrices y actores de telenovelas, cantantes, narcotraficantes, y políticos famosos.
Moreno-Durán se dio cuenta de que su generación había fracasado en el intento y alcanzó a ver la entronización en Colombia de todos esos libros escritos con una prosa raquítica, ajena a sus altas ambiciones. Bajo de estatura, fornido, siempre listo a pronunciar fenomenales ocurrencias, la partida de Moreno-Durán, con todas sus cualidades y defectos, fue una gran pérdida para la literatura colombiana en general. 
La trilogía Fémina Suite, Los felinos del canciller, Mambrú y Metropolitanas, son algunas de sus obras narrativas que están congeladas en el limbo porque son difíciles y exigen pasión de los lectores. A eso se añaden sus muchos ensayos literarios, reunidos en libros, donde mostró su talento y que algunos críticos consideran lo mejor de su obra.
El vanidoso, ambicioso e inteligente escritor Moreno-Durán, nacido en Tunja y quien este pasado noviembre hubiera cumplido venerables 80 años, supo a tiempo de la gran tragedia de la literatura colombiana y es probable que esa certeza aceleró su enfermedad y terminó por matarlo. Había apostado toda una vida por una literatura con mayúsculas y la literatura fue conquistada por lo minúsculo y trivial.
Son inolvidables las veladas vividas con Moreno-Durán en Colombia, México y París. Si un dia se hace un libro de homenaje, sus amigos y enemigos podrán contar quien fue esta gran figura de la literatura colombiana, que merece ser rescatada del olvido y puesta a circular de nuevo para que se conozcan los alcances de su obra y la de sus contemporáneos. Moreno-Durán fue un enorme escritor colombiano y su ausencia se nota en la literatura colombiana de hoy.




viernes, 28 de noviembre de 2025

SILVA Y DE SOBREMESA, UN SIGLO DESPUÉS

Por Eduardo García Aguilar


Al cumplirse este año un siglo de la publicación póstuma de la novela De sobremesa, de José Asunción Silva, rescato con alegría estas notas escritas 
hace tiempos en México sobre uno de los libros más enigmáticos y modernos de Colombia y uno de mis preferidos. Silva (1865-1896), conocido por sus nocturnos y por ser uno de los más brillantes y malogrados representantes de esa generación, tuvo que soportar la gazmoñería de una ciudad colonial y brumosa, situada en las alturas de la cordillera andina, dedicado a un arte absurdo: la poesía maldita. 

Heredero de un negocio que no sabía manejar, requerido por compromisos sociales y chismografías de convento, el joven no resiste y se suicida a los treinta años, ante la indiferencia de sus contemporáneos. Antes vivió un tiempo en París, a donde viajó enviado por su padre en funciones comerciales. En Venezuela, de regreso a Colombia, naufragó el vapor Amérique y Silva perdió los manuscritos de los Cuentos negros, “lo mejor de mi obra” para él.

Poco antes de morir rehace De Sobremesa, novela que reúne todas las características esenciales de su personalidad y su época. La novela sucede durante la sobremesa. Fernández, que es un millonario decadente, le cuenta a sus amigos las dudas respecto a su actividad literaria y después de ser requerido comienza a leerles el relato de sus aventuras en Europa. 

Los primeros capítulos de ese diario están cargados de las lecturas de la época: María Bashkirtseff, Maurice Barrès,  Max Nordau, Nietzsche, Swimburne, Verlaine, etcétera. Los amigos que lo escuchan en el exquisito ambiente de su mansión bogotana, son opacos personajes que admiran al poeta Fernández, pero que no pueden comprender sus angustias y frustraciones.

El protagonista de la novela se enreda con una bella mujer, la Orloff, a quien encuentra después en el lecho dedicada al arte de Lesbos con una de sus amigas: “Al hacer saltar la puerta de la alcoba que se deshizo al primer empujón brutal y cedió rompiéndose, un doble grito de terror me sonó en los oídos y antes de que ninguna de las dos pudieran desenlazarse, había alzado con un impulso de loco duplicado por la ira el grupo infame, lo había tirado al suelo, sobre la piel de oso negro que está al pie del lecho, y lo golpeaba furiosamente con todas mis fuerzas, arrancando gritos y blasfemias, con las manos violentas, con los tacones de las botas, como quien aplasta una culebra”.

Después de la decepción, Fernández huye a Whyl y delira inventando un sistema apto para su país. Es una metáfora del progreso, donde “las monstruosas fábricas nublarán en ese entonces con el humo denso de sus chimeneas el azul profundo de los cielos que cobijan nuestros paisajes tropicales; vibrará en los llanos el grito metálico de las locomotoras que cruzan los rieles, comunicando las ciudades y los pueblecillos nacidos donde quince años antes fueron las estaciones de madera tosca y donde, a la hora en que escribo, entre lo enmarañado de la selva virgen, extienden sus ramas las colosales ceibas”. 

Al sueño político que en De sobremesa adquiere los contornos del ensayo dentro de la novela, el personaje vive sus conquistas amorosas: Nini Rousset, Helena de Scilly Dancourt, Lady Viviann, Fanny Green, etcétera, y prueba el cloroformo, el éter, la morfina y el hachish. Personaje disimétrico, telúrico, caprichoso, malvado, Fernández es la encarnación del espíritu de una época que iba rumbo a la catástrofe. ¿Mientras los industriales organizaban ferias mundiales y en ciertos cabarets se hablaba de la belle époque, los modernistas, más en la prosa que en la poesía, palpaban el malestar del fin de siglo XIX.

A nivel formal, Silva no se queda atrás y nos ofrece un texto fraccionado, absurdo, que contrasta con las novelas realistas y sus tramas ordenadas con moraleja y broche de oro. En ciertos pasajes uno cree ver ya en José Asunción Silva elementos formales que hicieron novedoso a Cortázar años después.
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Publicado en La patria. Manizales. Colombia. Domingo 30 de noviembre de 2025.
*** Notas escritas en México hace tiempos en un contexto más amplio, recuperadas para celebrar el centenario de De Sobremesa.